Título:
Popol Vuh
Autor:
Anónimo
Edición:
FCE (1960)
El
Popol Vuh o “Libro del Consejo” es un antiguo manuscrito
pictórico maya quiché, que fue transcrito a nuestro idioma lo que
permitió que se conservara a través del tiempo. Se creé que fue
escrito cerca de la antigua capital quiché Cumarchac.
Es
una pieza sumamente valiosa no solo como registro histórico único
de la vida y creencias de esta cultura antigua, sino que, como pieza
literaria también tiene un gran peso a nivel narrativo, pudiéndose
colocar a la altura de obras clásicas como las que ya hemos reseñado
con anterioridad.
Este
libro puede ser dividido en tres partes: La primera incluye la
creación del mundo y la derrota de Vacub-Caquix; la segunda parte,
que es la más conocida y más larga de este libro, es la referente
al nacimiento y aventuras en Xibalbá de Hunahpú e Ixbalanqué, y
finalmente encontramos la creación del hombre y las primeras tribus
quichés.
Al
principio, nos cuentan los mayas, el mundo era un lugar sin forma
cubierto por las calmadas aguas del mar en donde reposaban los
Creadores y Progenitores que, tras poner sus ideas en conjunto,
comenzaron a dar forma a este mundo que conocemos.
Es
curiosa la manera en que veían el mundo; a diferencia de lo que
pudimos ver con Ovidio y Hesiodo en donde el caos era la forma
primigenia del universo, para ellos el que el mundo no tuviera forma
definida no lo hacía menos bello o menos perfecto, sino que es más
bien un lugar tranquilo y pacífico: “No había nada que estuviera
en pie; solo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo.
[…] Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la
noche.”
Esto
nos deja ver que la cultura maya a diferencia de la griega o la
romana podían encontrar la belleza en lo natural e imperfecto y no
se preocupaban tanto en la simetría o la perfección artificial.
En
la segunda parte que narra el descenso de los hermanos Hunahpú e
Ixbalanqué al inframundo o Xibalbá podemos dar una mirada más
profunda a la manera en la que estas personas veían el mundo y su
propia existencia. De nuevo, comparando un poco la manera de
enfrentar al destino que tenían tanto los mayas como los griegos y
romanos, podemos ver una gran diferencia: estos últimos parecían
encontrarse en una lucha constante contra su propia esencia, lo que
el destino les había deparado (aunque al final era esta misma lucha
la que los conducía al final que deseaban evitar), mientras que los
mayas, tal y como lo hicieron estos dos hermanos, se dejan llevar por
lo que sea que les deparase el futuro y la voluntad de los dioses sin
preocuparse en lo que pueda ocurrirles. Algo de esta mentalidad aún
la conservamos en la cultura mexicana actual, algo que podría
denominarse coloquialmente como “valemadrismo”.
Por
último me gustaría hablar un poco acerca del origen del hombre,
tratada en la tercera parte de este libro.
Después
de varios intentos por parte de los Progenitores de crear al hombre
perfecto que hablara y los adorasen, estos Creadores encuentran la
materia prima perfecta para crearnos: el maíz.
En
ningún otro lado se había hablado de una materia prima tan singular
y a la vez tan representativa y necesaria en la vida misma de este
pueblo; esta noción de que estamos creados de maíz le da un giro
completo a nuestra visión del mundo. No solo vivimos del maíz (pues
como saben, es la base de la comida mexicana), sino que además
vivimos por el
maíz.
Esto
eleva al maíz a un estado vitalicio e irremplazable en nuestra
cultura. El maíz se convierte en vida en más de un sentido.
En
conclusión, este libro no solo nos habla de los mitos y creencias
que tenía antiguamente el pueblo maya quiché, sino que además nos
da elementos para descifrar aunque sea una pequeña parte de la
mentalidad del mexicano moderno. Nos habla de nuestros orígenes en
más de un sentido.
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